Santiago de Chile.- En el primer día de  visita de estado y pastoral del Papa Francisco a Chile sus discursos estuvieron marcados en un primer momento por un mensaje al pueblo chileno y posteriormente al mundo católico congregado en la Misa del Parque O’Higgins. Su primera actividad del día fue su visita a la Presidenta Michel Bachelet en el Palacio de La Moneda. Allí en un discurso que duró aproximadamente diez minutos, el Papa Francisco pidió perdón, en nombre de la Iglesia, “por los daños irreparables” generados a quienes han sido víctimas de abusos de sacerdotes.

“No puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza, vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia”, dijo el Pontífice, lo que mereció sonoros aplausos de los asistentes a la ceremonia.

El Papa Francisco sostuvo que se quiere “unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que esto no se vuelva a repetir“.

De esta forma, la autoridad religiosa responde, en cierta medida, a la petición que se hiciera desde diferentes sectores para que abordara los hechos de abusos que se han denunciado y que se han tomado la agenda del país.

El Papa,recordando que muchos aún sufren de injusticias,  también instó a los chilenos a trabajar por ellos, definiendo como reto que la nación debe ser un lugar de encuentro para todos. 

“Tienen ustedes un reto grande y apasionante, seguir trabajando para que la democracia y el sueño de sus mayores, más allá de sus aspectos formales, sea de verdad un lugar de encuentro para todos. Que sea un lugar en el que todos, sin excepción, se sientan a convocados a construir casa, familia y nación. Un lugar, una casa, una familia llamada Chile”, manifestó.

Definiéndolo como un país generoso que mira con esperanza el futuro,  en su discurso, Papa Francisco pidió que se escuche a todos, a los pueblos originarios, a los niños, a los ancianos, a los jóvenes y a los migrantes, para así seguir construyendo y fomentando la multiculturalidad.

Bienaventuranzas por la paz y la justicia

Tras su reunión con la Presidenta Michelle Bachelet, el Papa Francisco ofició la Misa por la Paz y la Justicia en el Parque O’Higgins en Santiago, lugar en donde llegaron alrededor de 400 mil personas para escuchar su palabra.

El Papa  Francisco centró su Homilia en las bienaventuranzas como camino de la vida del seguidor de Jesús.

“Al ver a la multitud” (Mt 5,1). En estas primeras palabras del Evangelio encontramos la actitud con la que Jesús quiere salir a nuestro encuentro, la misma actitud con la que Dios siempre ha sorprendido a su pueblo (cf. Ex 3,7). La primera actitud de Jesús es ver, es mirar el rostro de los suyos. Esos rostros ponen en movimiento el amor visceral de Dios. No fueron ideas o conceptos los que movieron a Jesús… son los rostros, son personas; es la vida que clama a la Vida que el Padre nos quiere transmitir.

  Las bienaventuranzas nacen del corazón compasivo de Jesús que se encuentra con el corazón de hombres y mujeres que quieren y anhelan una vida bendecida; de hombres y mujeres que saben de sufrimiento; que conocen el desconcierto y el dolor que se genera cuando “se te mueve el piso” o “se inundan los sueños” y el trabajo de toda una vida se viene abajo; pero más saben de tesón y de lucha para salir adelante; más saben de reconstrucción y de volver a empezar.

¡Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar; cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes! ¡A ese corazón apela Jesús; para ese corazón son las bienaventuranzas!

El trabajador de la paz sabe que no alcanza con decir: no le hago mal a nadie, ya que como decía san Alberto Hurtado: “Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien” (Meditación radial, abril 1944

Qué bien nos hace pensar que Jesús desde el Cerro Renca o Puntilla viene a decirnos: bienaventurados… Sí, bienaventurado vos y vos; bienaventurados ustedes que se dejan contagiar por el Espíritu de Dios y luchan y trabajan por ese nuevo día, por ese nuevo Chile, porque de ustedes será el reino de los cielos. “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”.

Frente a la resignación que como un murmullo grosero socava nuestros lazos vitales y nos divide, Jesús nos dice: bienaventurados los que se comprometen por la reconciliación. Felices aquellos que son capaces de ensuciarse las manos y trabajar para que otros vivan en paz. Felices aquellos que se esfuerzan por no sembrar división. De esta manera, la bienaventuranza nos hace artífices de paz; nos invita a comprometernos para que el espíritu de la reconciliación gane espacio entre nosotros. ¿Quieres dicha? ¿Quieres felicidad? Felices los que trabajan para que otros puedan tener una vida dichosa. ¿Quieres paz?, trabaja por la paz.

No puedo dejar de evocar a ese gran pastor que tuvo Santiago cuando en un Te Deum decía: ““Si quieres la paz, trabaja por la justicia” … Y si alguien nos pregunta: “¿qué es la justicia?” o si acaso consiste solamente en “no robar”, le diremos que existe otra justicia: la que exige que cada hombre sea tratado como hombre” (Card. Raúl Silva Henríquez, Homilía en el Te Deum Ecuménico, 18 septiembre 1977).

Construir la paz es un proceso que nos convoca y estimula nuestra creatividad para gestar relaciones capaces de ver en mi vecino no a un extraño, a un desconocido, sino a un hijo de esta tierra.

Encomendémonos a la Virgen Inmaculada que desde el Cerro San Cristóbal cuida y acompaña esta ciudad. Que ella nos ayude a vivir y a desear el espíritu de las bienaventuranzas; para que en todos los rincones de esta ciudad se escuche como un susurro: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).

Esta misa estaba dedicada “a la paz y a la justicia”, por lo que el Papa destacó la felicidad “de aquellos que son capaces de ensuciarse las manos y trabajar para que otros vivan en paz” y de aquellos que “se esfuerzan por no sembrar división”.

Chile encarcela la pobreza

Por la tarde el Papa Francisco junto con la Presidenta Bachelet visitó Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín,  el  cual estuvo cargado de emotividad y aplausos por parte de las internas.

En el lugar se podía ver cómo las palabras del Papa llegaban a cada una de las personas que estaban ahí. Se vivió un encuentro más cercano que dio tiempo al Papa para incluso cargar por segundos a los hijos de las mujeres que lo acompañaron.

La instancia comenzó con las palabras de la hermana Nelly León, capellana de lugar, quien manifestó que en Chile se encarcela la pobreza. Luego, Jeannette Zurita, condenada a 15 años por tráfico de drogas, se subió a la tarima notoriamente emocionada para pedirle al Papa que orara por ellas y sus hijos que son quienes más sufren las consecuencias de la privación de libertad de sus madres.

Fue después de esto cuandoel Papa  Francisco agradeció: “Queridas hermanas y hermanos: gracias, gracias, gracias por lo que hicieron, y gracias por la oportunidad que me dan para visitarlas. Para mí es importante compartir este tiempo con ustedes y poder estar más cerca de tantos hermanos nuestros que hoy están privados de libertad”.

“Gracias hermana Nelly por sus palabras y por testimoniar que la vida triunfa siempre por sobre la muerte”, dijo el obispo de Roma, quien además agregó: “Gracias Jeannette por animarte a compartir con nosotros tus dolores y por ese valiente pedido de perdón. Cuanto tenemos que aprender de esa actitud tuya llena de coraje y dignidad”.            

El perdón fue uno de los grandes temas que abordó el Papa Francisco en su paso por la cárcel de mujeres. Y es que según sostuvo “todos tenemos que pedir perdón, soy el primero, todos, eso nos humaniza”.

“Sin esa actitud de pedir perdón perdemos la conciencia de que nos equivocamos y de que cada día estamos invitados a volver a empezar”, dijo.

“Jesús nos invita a dejar esa lógica simplista de dividir la realidad en buenos y malos para ingresar en esa otra dinámica, para ayudarnos a salir adelante”, dijo el Papa, quien destacó la labor de las madres y del desafío de gestar la vida. El Pontífice le habló a las reclusas y les manifestó que “tienen una capacidad increíble de adaptarse, de salir adelante”.

En este sentido, instó a las internas a luchar en contra de los mecanismos de cosificación: “No nos dejemos cosificar, no soy un número, no soy del tenido número tal, soy fulano de tal que gesta esperanza, porque quiere parir esperanza”, dijo el líder religioso mientras era observado por cientos de mujeres emocionadas que alzaban sus manos para aplaudirlo.

“Estar privadas de la libertad, no es sinónimo de pérdida de sueños y de esperanza. No quiere decir dejar de soñar. Ser privado de libertad no es lo mismo que estar privado de la dignidad, la dignidad no se toca a nadie, se cuida, se custodia, se acaricia. Nadie puede ser privado de la dignidad”, dijo.

Con esto se trasladó hasta el tema de la reinserción. “Toda pena que uno está llevando adelante para pagar una deuda con la sociedad, tiene que tener un horizonte, de reisertarse, de prepararme para la reiserción”, dijo Francisco.

Las llamó, en esta misma línea, a las internas a que exijan a la sociedad ser reinsertadas. “La sociedad tiene la obligación de reinsertarlas a todas. Digo a cada una, con los tiempos distintos. Eso métanselo en la cabeza y exíjanlo.

Encuentro con sacerdotes y obispos

Posteriormente el Papa se dirigió a la Catedral de Santiago para sostener encuentro con los sacerdotes y obispos chilenos.

 Sin dejar de lado temas complejos, destacó que se vive un “Momento de turbulencias. Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuanto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza. Sé que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir «vestido de cura» en muchos lados se está «pagando caro». Por eso los invito a que pidamos a Dios nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo”.

Finalizó manifestando que “nos guste o no, estamos invitados a enfrentar la realidad así como se nos presenta”. Por ello les llamó a renovar su vocación y para eso utilizar la oración del Cardenal Silva Henríquez, inspirada en el poema del P. Esteban Gumucio: “«La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días... la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días...”.

Su día concluyó con una visita al Santuario y tumba de Padre San Alberto Hurtado S.J. En el mismo lugar sostuvo un encuentro con la comunidad jesuita de Chile y las diferentes obras y rostros que componen los apostolados de la Compañía de Jesús en Chile.

Francisco se reunió con las víctimas de los abusos

Como noticia de última hora se dió a conocer una decalaración cerca de las 21 horas de este martes 16 de enero, la cual dice textual:

“El encuentro ha tenido lugar de forma estrictamente privada y no había nadie más presente: solamente el Papa y las víctimas. De este modo, han podido contar sus sufrimientos al Papa Francisco, que les ha escuchado, y ha rezado y llorado con ellos"."El Santo Padre se ha reunido hoy martes 16 de enero en la Nunciatura Apostólica de Santiago de Chile, después del almuerzo, con un pequeño grupo de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes.”

 Concluye la declaración dada a conocer simultáneamente en el Vaticano como en Chile.

Desde Santiago de Chile, Alejandro Caro, SIGNIS Chile/SIGNIS ALC